May 19
Bogotá

Una isla en Latinoamérica.

 La capital de Colombia, Bogotá, está apostando fuertemente por el uso de la bicicleta desde hace ya unos años.

En un referéndum celebrado a instancias de su ayuntamiento, los ciudadanos se manifestaron dispuestos a apoyar que se prohibiera el tráfico de vehículos en horas punta a partir de 2015. Esta realidad, insólita en un subcontinente que, en líneas generales, no considera la bicicleta como un medio de transporte, tiene su hito más visible en la tupida red de carriles bici que hoy en día surcan la ciudad. En total suman 240 kilómetros que concentran entre el 4% y el 5% de los desplazamientos diarios. Además, las ciclovías conectan anillos viales y parques desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Los planes municipales contemplan la interconexión de varios de los carriles bici existentes, con inversiones en iluminación y en   estacionamientos estratégicos para la bicicleta cerca del Transmilenio que se inauguró en Diciembre del 2000, un «metro» que circula por la superficie utilizando carriles especiales para autobuses de gran volumen. Estos tendrán servicio de cafeterías y baños para así poder ofrecer un servicio de valor añadido al ciclista. El Transmilenio ha reducido el tiempo de viaje para los usuarios, que antes perdían un promedio de dos horas y veinte minutos en los autobuses que circulaban a una velocidad media de diez kilómetros por hora. Otra de las señas de identidad ciclista de la ciudad es la iniciativa de cerrar a la circulación de vehículos a motor 120 kilómetros de sus principales avenidas y calles, que los domingos y festivos se convierten en ciclovías por las que transitan 2,2 millones de personas. El Instituto Distrital de Recreación y Deporte dispone de bicicletas que prestan a grupos institucionales. También existen locales que alquilan bicis y organizan recorridos guiados.